Las apuestas deportivas no son una novedad como actividad social. Las clases altas y la aristocracia han tenido, desde el siglo XVIII (y antes también) a las apuestas como uno de sus entretenimientos preferidos, relacionado, en general, con eventos privativos de su clase, como sucedÃa en la hÃpica inglesa, por ejemplo. Royal Ascot es un evento tradicional en Inglaterra y las apuestas siempre han ido de la mano con las carreras, en este circuito ligado a la mismÃsima familia real.
En el siglo XIX los sitios de entretenimiento por excelencia de las clases adineradas eran los casinos, que pronto se convirtieron en sÃmbolos de glamour y esplendor. Los más cotizados eran los de la Costa Azul: Cannes, Biarritz, Niza… y Montecarlo, claro, que unÃan el encanto de sus playas al lujo de sus centros de entretenimiento, sólo para elegidos.
En el siglo XX, y particularmente en la época de la Gran Depresión, el fenómeno de las apuestas se revirtió: ya no apostaban los miembros de clases privilegiadas, sino que se generaron circuitos de apuestas en sectores marginales. Las peleas de box, por ejemplo, podÃan ser una tabla de salvación tanto para boxeadores (los menos beneficiados, pero muchos comenzaron de ese modo exitosas carreras deportivas), como para organizadores y corredores de apuestas. Y, por supuesto, para aquellos que veÃan en las tarjetas de apuestas la única salida a una situación de opresión económica. También alrededor del baloncesto, béisbol y fútbol comenzaron a crecer las apuestas.
Y llegado el siglo XXI las apuestas vuelven a estar en el candelero, sólo que han tomado un nuevo giro. Atentas a la premisa cuasi universal de que “si no estás en internet, no existes”, las casas de apuestas se han volcado masivamente al mundo digital. Las ventajas son inmensas, tanto para las empresas como para los apostadores: la comodidad de poder apostar o jugar desde la propia casa, o en cualquier otro lugar, y a cualquier hora del dÃa; la inmediatez que da el hecho de que baste un click para hacer una apuesta; la posibilidad de estar informado en tiempo real de lo que sucede en un evento, o de los cambios en las cuotas; la cantidad de información circulante que permite que incluso un neófito se anime “con eso de las apuestas por internet” … y podrÃamos seguir.
El negocio de las apuestas online mueve miles de millones de dólares anuales en el mundo y no para de crecer. Más aún: con la crisis económica que aún no nos abandona las apuestas siguieron creciendo, en desmedro de los juegos de azar, por ejemplo, que han bajado su recaudación en el año anterior.
Si nos ponemos a analizar en detalle, quizás sea algo similar a lo ocurrido en los años ’30 del siglo pasado. Quizás hayan cambiado los métodos, pero, posiblemente, no los fines con los que la gente apuesta en los tiempos que corren. SerÃa, quién sabe, una prueba de que la tecnologÃa avanza, pero la naturaleza humana permanece casi inmutable. Pero ese es tema para otro momento y otro lugar.














